Mi viaje nace en los contrafuertes del los Andes, iniciativa de Don César con Doña Flor, grandes sentimientos de mis padres que están juntos en la eternidad, desde ahí San Gregorio, pueblo de gente sincera, corazones limpios, atentos, solidarios, generosos, humildes en su grandeza , grandiosos en sus luchas del diario caminar.
Ahí están los montes cargados de frutas silvestres, los campos llenos de mieses, los cerros fuertes sosteniendo nuestro Perú, los árboles, hogares de aves silvestres , frutas del campo que hacen la delicia de propios y extraños: los mote motes, blancos como una caricia; los cinrres, marrones como deliciosos chocolates; los tuples amarillos, escondiéndose detrás de las hojas de un árbol mediano; los lanches, rojos como pasiones intensas; las llamas, con su piel aterciopelada; las papayas rugosas, de sabor y olor insuperables; los tomatitos con camisa de fibra vegetal y de amarillo intenso, en fin de la variedad todo y es para todos.
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